Saltar al contenido
Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Nadie lo había visto vivo en 81 años: el insecto que sobrevivía en un peñón en mitad del Pacífico

Una noche de febrero de 2001, dos científicos siguieron una pista por una cornisa de Ball's Pyramid, en mitad del Pacífico. Buscaban al insecto palo de la isla Lord Howe, que nadie había visto vivo desde 1920.

Nadie lo había visto vivo en 81 años: el insecto que sobrevivía en un peñón en mitad del Pacífico

Es de noche en Ball’s Pyramid, un peñón que se levanta solo en mitad del océano Pacífico. Es febrero de 2001. Dos científicos avanzan por una cornisa de la roca hacia un arbusto que, de día, les llamó la atención.

Buscan a un insecto que, según los registros, nadie ha visto vivo en 81 años. Los guía una pista que encontraron en el suelo a plena luz.

Ball's Pyramid, un peñón alto y puntiagudo que sobresale solo del mar abierto
Ball’s Pyramid visto desde el mar en 2014. Foto: JillBBruce / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Excrementos bajo un solo arbusto

La pista eran unos excrementos. Según el Museo de la isla Lord Howe, David Priddel y Nicholas Carlile vieron excrementos grandes de insecto bajo un arbusto de Melaleuca y decidieron volver de noche. El blog del Museo Australiano (Cleave, 2017) también recuerda aquella búsqueda nocturna.

Excrementos de insecto gruesos y cilíndricos dispersos sobre roca oscura, al pie de un arbusto pequeño y desgreñado que crece en una cornisa estrecha
Excrementos grandes al pie de un arbusto, en una cornisa de roca: una pista como esta hizo que los investigadores volvieran de noche.

En las ramas apareció un insecto negro, grande como la palma de una mano. Era el insecto palo de la isla Lord Howe (Dryococelus australis), al que apodaban «langosta de árbol». La determinación de 2012 del Comité Científico de Especies Amenazadas de Nueva Gales del Sur lo describe como un insecto negro, con hembras de hasta 120 milímetros, y ABC News (2017) lo compara con la palma de una mano. En Wikimedia Commons hay una foto de un ejemplar tomada en 2011 por Granitethighs (CC BY-SA 3.0).

Aquella noche encontraron tres: dos adultos y una ninfa, todas hembras. Así lo documentaron Priddel, Carlile y tres colegas en el artículo que publicaron en 2003 en Biodiversity and Conservation. El título ya ponía la palabra «extinto» entre comillas.

Investigador de campo visto de espaldas en plena noche, con casco, chaqueta cortavientos gastada, mochila pequeña y la luz de una linterna frontal
Casco, linterna frontal y oscuridad: la búsqueda que devolvió a esta especie a los registros se hizo de noche.

El barco que bajó las ratas a tierra

Para entender por qué ese hallazgo importaba tanto hay que ir a la isla Lord Howe, a 23 kilómetros del peñón. Hasta 1918, el insecto palo abundaba allí y los pescadores lo usaban como carnada, según el comité de Nueva Gales del Sur y la ficha de San Diego Zoo Wildlife Alliance.

Ese año encalló en la isla el SS Makambo, un barco de suministros. Con la carga bajaron a tierra las ratas negras (Rattus rattus) que traía, según el museo de la isla. Las ratas se comieron a los insectos: el artículo de Priddel y sus colegas dice que esa rata hizo desaparecer a la especie de Lord Howe, y el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST) cuenta lo mismo en un comunicado de 2017.

El último ejemplar se vio en 1920, y la especie se dio por extinta. Pasarían 81 años hasta la noche de la cornisa.

Una terraza más pequeña que una cancha de tenis

En marzo de 2002, el equipo contó 24 insectos: 12 en el mismo arbusto y otros 12 en cinco arbustos más pequeños de la misma terraza, según Priddel y sus colegas. La ficha de San Diego Zoo Wildlife Alliance describe el refugio principal como «un único arbusto desaliñado».

Hasta donde se sabía, toda la especie vivía allí. La terraza medía 30 por 6 metros, unos 180 metros cuadrados, según el comité de Nueva Gales del Sur. De acuerdo con las reglas de la Federación Internacional de Tenis (ITF), una cancha de dobles mide 23,77 por 10,97 metros, casi 261 metros cuadrados. La terraza ni siquiera llegaba al tamaño de una cancha de individuales, de unos 196. En ella crecían seis arbustos.

En esa terraza faltaba lo que había condenado a la especie en Lord Howe: en Ball’s Pyramid no había ratas. La ficha del Gobierno australiano de 2002 y el comité de Nueva Gales del Sur coinciden en que, si llegaran al peñón, sería un desastre para la especie.

La hembra que casi no lo logra

En 2003, dos parejas fueron llevadas del peñón a tierra firme para criarlas, según Zoos Victoria y el Museo Australiano. Una de las hembras, a la que en el Zoológico de Melbourne llamaban Eve, enfermó y estuvo a punto de morir. Según contó Lawler en The Conversation (2016), le dieron una mezcla de azúcar, calcio y hojas molidas de melaleuca.

Eve resistió. En 2017, el personal del zoológico lo resumió así ante ABC News: Eve «casi murió» y después «llegó a poner un par de cientos de huevos».

Hasta 2017, el Zoológico de Melbourne vio nacer más de 14.000 crías, según Cleave en el blog del Museo Australiano. Son casi 600 veces los 24 insectos que se contaron en el peñón en 2002. Y, como dice el título del artículo de Lawler, en 2016 ya había colonias de cría en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá.

El peñón guardaba otro secreto

La historia parecía cerrada: una población diminuta en una roca y miles de crías nacidas en zoológicos. Pero en 2026, personal de control de malezas del departamento ambiental de Nueva Gales del Sur halló nueve adultos en dos rincones de Ball’s Pyramid donde la especie nunca se había registrado, según informó ABC News el 15 de marzo de 2026. La terraza de 2001 ya no es el único lugar de la roca donde se sabe que vive el insecto.

Hay más. La isla Lord Howe, de donde desapareció, fue declarada libre de ratas en 2023, después de que los muestreos de ese año confirmaran el éxito del proyecto de erradicación de roedores de la Junta de la isla Lord Howe. Hoy se estudia llevar de vuelta allí al insecto palo. ABC News cuenta que se está consultando a los habitantes, y el museo de la isla menciona ensayos de liberación previstos en la isla Blackburn.

Lo que salvó al insecto palo fue lo mismo que lo escondió durante 81 años: una roca a la que las ratas no llegaron. Ahora le toca a su isla ser ese refugio.

Si una sola especie que hoy creemos extinta pudiera aparecer viva en algún rincón escondido del planeta, ¿cuál te gustaría que fuera y por qué?


Foto de Ball’s Pyramid: JillBBruce / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Las demás imágenes fueron generadas con IA para ilustrar el contenido.

Referencias

Conversación

Únete a la conversación

Los comentarios y el formulario se cargan solo cuando abras esta sección.

Mira más historias

Ver la lista completa