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Historias emotivas

La última ave de toda una familia sonó el 28 de abril de 1987

El ʻōʻō de Kauaʻi cantaba a dúo con su pareja en las montañas de Kauaʻi. Esta es la historia de su última grabación conocida y del cierre de toda una familia de aves de Hawái.

La última ave de toda una familia sonó el 28 de abril de 1987

El bosque de Alakaʻi, en las tierras altas de Kauaʻi, es uno de los rincones más lluviosos del planeta: musgo cubriendo los troncos de ʻōhiʻa, niebla que no termina de levantarse y, de vez en cuando, un silbido largo y aflautado que rebota entre los helechos.

Ese silbido pertenecía a un ave del tamaño de un puño, negra y brillante, con un mechón de plumas amarillas escondido en los muslos. Los biólogos que subieron a grabarlo en los años setenta sabían que quedaban pocos ejemplares. Lo que todavía no sabían era cuántas oportunidades más tendrían de escucharlo.

Un ave que hablaba a dos voces

El ʻōʻō de Kauaʻi (Moho braccatus) medía apenas unos 19,5 centímetros, con plumaje negro brillante y esos muslos amarillos que lo delataban entre la vegetación. Se alimentaba de néctar e insectos en el bosque de ʻōhiʻa del Alakaʻi, según la descripción de la especie que recoge el Registro Federal de Estados Unidos (2023).

Durante dos siglos, los taxónomos lo emparentaron con los mieleros de Australia y el Pacífico por su pico curvo y su dieta a base de néctar. Recién en 2008, al secuenciar ADN de ejemplares de museo, un equipo encabezado por Robert Fleischer confirmó que esa semejanza era pura coincidencia evolutiva: el ʻōʻō de Kauaʻi pertenecía a una familia propia y exclusiva de Hawái, los Mohoidae, con apenas cinco especies conocidas, según el estudio de Fleischer, James y Olson (2008) publicado en Current Biology.

Lo más particular, sin embargo, era su canto. Según la monografía de la especie en Birds of the World (Sykes y colegas, 2020), las parejas cantaban a dúo con frecuencia: el macho y la hembra alternaban frases, y las de ella tenían menos notas. No era un solo para marcar territorio. Era, en cierto sentido, una conversación.

Treinta y seis pájaros y una grabadora en el musgo

Cuando el gobierno de Estados Unidos incluyó al ʻōʻō de Kauaʻi en la lista de especies en peligro en 1967, la estimación ya era alarmante: apenas 36 individuos, de acuerdo con el Registro Federal. Ocho años después, en 1975, los biólogos John Sincock y Fred Zeillemaker subieron al Alakaʻi con equipo de grabación para documentar lo que quedaba de la especie.

Grabadora de carrete y micrófono parabólico sobre musgo mojado en un bosque neblinoso
El tipo de equipo con el que se registraba el sonido de las aves de Hawái en los años setenta: cinta, cable y mucha paciencia bajo la lluvia constante del Alakaʻi.

De esa expedición y de las que siguieron quedan grabaciones como la ML6050, capturada por Sincock el 6 de junio de 1975, que hoy se puede escuchar en la Macaulay Library de la Universidad Cornell, junto a la ML6049 de Zeillemaker. Son, con un puñado de registros más, casi todo lo que queda de esa voz.

Una respuesta, sola, en el arroyo Halepaʻakai

El último registro plausible de la especie no fue un avistamiento, sino una respuesta. El 28 de abril de 1987, en el arroyo Halepaʻakai, un biólogo reprodujo una grabación del canto en pleno bosque. Desde la vegetación, un macho contestó, según reconstruye el Registro Federal (2023). Solo uno. Ninguna hembra le respondió a él, y él no volvió a responderle a nadie.

Biólogo de espaldas con impermeable amarillo sostiene un reproductor portátil hacia el bosque neblinoso
Así se buscaba al ʻōʻō de Kauaʻi en el terreno: un reproductor en alto, la niebla cerrada y la espera de una voz que contestara.

Para un ave que había construido su identidad sonora alrededor del dúo, esa respuesta solitaria tiene un peso distinto. No hubo una segunda voz completando la frase. Solo el eco de una grabación y, del otro lado, un individuo que ya no tenía con quién cantar.

Años de silencio y el cierre de una familia entera

Después de 1987, la búsqueda no se detuvo. Equipos de campo volvieron al Alakaʻi en 1989, 1993, 1994, 2000 y 2005, y de forma sistemática cada año entre 2011 y 2018, con redes de niebla y conteos por puntos, según detalla el Registro Federal. Ninguna detección confirmada.

El 17 de octubre de 2023, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos retiró al ʻōʻō de Kauaʻi de la lista de especies en peligro, pero no porque se hubiera recuperado: lo retiró por extinción, junto con otras 20 especies, de acuerdo con la misma norma publicada en el Registro Federal (2023). Con esa decisión se cerró algo más grande que una especie: las cinco especies de la familia Mohoidae, exclusivas de Hawái, quedaron todas extintas.

Las causas que documenta el propio registro no son un misterio ni un hecho aislado: pérdida de hábitat, enfermedad aviar y depredadores introducidos golpeando a una población que ya era demasiado pequeña para absorber cualquier revés.

Queda la grabación de un ave que aprendió a cantar en compañía, y la certeza incómoda de que, cuando la ciencia por fin entendió que esa voz pertenecía a un linaje propio y no a un pariente lejano de los mieleros australianos, ya casi no quedaba nadie para responderle.

Las imágenes de este artículo son recreaciones generadas con IA; no son fotografías de los hechos ni de los animales reales.

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