En una pequeña granja de patos, unos huevos empezaron a abrirse. De ellos salieron patitos recién nacidos, cubiertos de plumón. Y en esa misma granja vivía Pip, una golden retriever que todavía era cachorra.
Pip y los patitos tenían casi la misma edad. Ella tampoco llevaba mucho tiempo en el mundo.
En sus primeros días, un patito es pura pelusa. Todavía no tiene plumas impermeables y depende de su madre, según describe el blog Grow Eat Gift, que además advierte que estas crías se mueven tan rápido que pueden quedar separadas de su familia.
Y junto a ellos crecía una perra de una raza de cazadores de aves acuáticas. Los golden retrievers no son pastores ni guardianes de granja. En The Thrifty Homesteader explican que tienen poco instinto de presa, pero mucha curiosidad, y que ese carácter de cachorro puede hacer que se interesen demasiado por animales pequeños, como las gallinas o los patos.
Pip no tenía carácter de cachorra. Era una cachorra.
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Criados a cuatro patas
Pip no esperó a crecer para ocuparse de ellos. Se convirtió en la mamá de esos patitos, aunque ella misma todavía tenía todo por aprender.
Y los crio con lo que una perra tiene: sus cuatro patas.
«La chica más dulce con sus patitos, incluso cuando era cachorra», escribió su familia en TikTok al compartir un video de Pip con ellos.
Pip nunca ha conocido su casa sin ellos. Los patitos salieron del cascarón cuando ella era pequeña y desde entonces forman parte de cada uno de sus días.
De pelusa a plumas
Los patos crecen deprisa. Primero son bolitas de pelusa; después se vuelven más ruidosos y andan en grupo.
Luego pierden el miedo y salen a explorar. Al final parecen adultos en miniatura, hasta que alcanzan su tamaño. Así describe esas etapas Grow Eat Gift.
Todo ese cambio ocurre en unos dos o tres meses, aunque puede tardar más o menos según la raza del pato.
Pip también creció. Dejó de ser cachorra y hoy es una golden adulta. Pero el cariño no cambió con el tamaño: sigue con sus patos todos los días, con la misma dulzura de cuando eran pelusa.
Como los patos se hacen adultos tan rápido, es probable que Pip ya haya criado también a algunos de sus «nietos», escribió Allison Blair en Parade Pets. Y sea cual sea el patito, Pip lo quiere igual.
El hermano dramático
Pip no es la única golden de la granja. Tiene un hermano mayor, Poe, que también quiere a los patos. Aunque él anda ocupado en otra tarea: ser el perro más dramático de la casa.
Y Pip, cuenta Parade Pets, le hace buena competencia.
Y es que la historia de Pip empezó con él. Poe fue un perro tan especial que su familia quiso tener un segundo golden. Así llegó Pip, y la apuesta salió bien: resultó tan especial como su hermano.
«Todo empezó con un golden», escribió la familia en otro video.
La cuenta donde comparten los días de Pip con sus patos lleva, de hecho, el nombre de su hermano: @poethegoldie.
Hoy Pip pasa sus días entre patos que alguna vez fueron bolitas de pelusa.
Nadie le explicó que los perros no suelen criar patos. Y a esos patos nadie les contó que la madre que los cuidó desde el cascarón no tenía ni una sola pluma.
Imagen principal: @poethegoldie.

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