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Animales Queridos - Una pasión llamada fauna

Historias emotivas

Millones miraban a la estrella de mar Patrick, pero el cañón de Mar del Plata escondía otra historia

En 2025, una estrella de mar naranja reunió a millones frente a la pantalla. Lo que el robot SuBastian se llevó de aquel cañón argentino tardó un año en revelarse.

Millones miraban a la estrella de mar Patrick, pero el cañón de Mar del Plata escondía otra historia

Una estrella de mar naranja y rechoncha descansaba en el fondo de un cañón submarino frente a Argentina cuando la iluminaron los focos de un robot. Allí abajo, la luz del sol no llega nunca.

Del otro lado de la pantalla, el público la miraba en vivo. Tenía dos bultos simétricos que recordaban un trasero y un parecido difícil de pasar por alto con Patricio Estrella, el mejor amigo de Bob Esponja.

Muy pronto tuvo nombre: Patrick. Faltaba saber qué era.

Cuatro millones de testigos

En julio y agosto de 2025, el buque de investigación Falkor (too) envió al robot SuBastian a explorar el cañón de Mar del Plata, que se hunde más de 3.500 metros a unos 250 kilómetros de la costa, y transmitió las inmersiones en vivo. La expedición la dirigía Daniel Lauretta, científico del CONICET.

Más de 4 millones de personas siguieron esas transmisiones, según Ocean Census, y muchas llegaron por la estrella naranja, contó el Buenos Aires Times. En las redes, los memes aseguraban que Patrick era argentino.

En octubre, el Schmidt Ocean Institute aclaró con humor que esos bultos no son un trasero.

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Al final, Patrick no resultó ser una especie nueva para la ciencia. Los científicos no se lo llevaron: lo dejaron donde estaba.

Pero con su brazo robótico, SuBastian había recogido otros animales y muestras del fondo. Esos sí viajaron a tierra.

Dos semanas en Buenos Aires

Un año después, en julio de 2026, 20 taxónomos de América Latina y Europa se reunieron en Buenos Aires para revisar ese material.

Entre lo que identificaron hay un pepino de mar que vive sobre el lodo, a 2.577 metros de profundidad: casi ocho torres Eiffel apiladas. Es del género Peniagone y tiene dos apéndices que se alzan como cuernos. Por eso lo llamaron Loki, como el dios embaucador de la mitología nórdica.

Con los copépodos, unos crustáceos diminutos clave en los ecosistemas profundos, el equipo solo alcanzó a examinar una de cada diez muestras. Todos los ejemplares que miró eran nuevos para la ciencia: 20 especies y un género nuevo.

En dos semanas, la cuenta llegó a 57 especies nuevas y cinco géneros nuevos: 22 equinodermos, entre pepinos de mar y crinoideos; los 20 copépodos; 14 corales y plumas de mar, y un escafópodo, un molusco con la concha en forma de colmillo.

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«El mar profundo alberga algunos de los ecosistemas menos comprendidos de la Tierra», dijo Michelle Taylor, jefa de ciencia de Ocean Census, en un comunicado.

Y es que el cañón está en un cruce: allí chocan la cálida corriente de Brasil y la fría corriente de Malvinas, cargada de nutrientes. Ese encuentro alimenta una explosión de vida.

Por ahora, esas especies están «descubiertas», no «descritas»: los expertos las registraron como nuevas en Ocean Census NOVA, una base de datos abierta. Describirlas formalmente exige un artículo revisado por pares, algo que puede llevar años. Los ejemplares se quedarán en colecciones argentinas, como la del Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Una bolsa en el fondo

Las cámaras de SuBastian también registraron otra cosa. En 10 de las 17 inmersiones apareció basura: 29 piezas, 27 de plástico y 2 de goma, según un estudio publicado en PLOS One. Había envoltorios de comida, bolsas, sedales, cuerdas y cables.

Lo primero que vieron fue una bolsa de plástico enredada en el fondo. El objeto más profundo, un envoltorio de pañuelos de papel, estaba a 3.814 metros. Como buena parte era equipo de pesca, los investigadores creen que la mayoría llegó desde la actividad en el mar.

Los animales ya se habían instalado sobre esa basura. Una estrella de mar descansaba encima de una bolsa, y unos gusanos que viven en tubos colonizaron una cuerda de pesca.

Patrick nunca se enteró de nada de eso: ni de los memes ni de los millones de personas que lo miraron. Se quedó en la oscuridad del cañón, donde lo encontraron los focos del robot.

Mientras tanto, nueve de cada diez muestras de copépodos esperan su turno, y en febrero y marzo de 2027 el equipo de Lauretta planea explorar otro cañón, donde espera encontrar muchas especies que no viven en ningún otro lugar.

Imagen principal: ROV SuBastian / Schmidt Ocean Institute.

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