Dodge estaba en la hierba alta de un jardín de Inglaterra. Para un erizo, un rincón crecido como ese es un refugio: los tallos lo cubren, la maleza lo esconde y desde arriba casi nadie lo distingue.
Ese día, alguien salió a desbrozar el jardín.
Una desbrozadora es una herramienta de mango largo. En la punta tiene un cabezal con hilo o con cuchilla que gira a gran velocidad a ras del suelo. Sirve para cortar lo que la cortadora de césped no alcanza: los bordes, las matas, la hierba que creció de más. Es decir, los mismos lugares donde buscan refugio los erizos.
Una bola entre los tallos
Cuando un erizo se siente amenazado, casi siempre hace lo mismo: se enrolla sobre sí mismo hasta quedar convertido en una esfera de púas. Así deja a resguardo la cara, el vientre y las patas, las partes de su cuerpo que no tienen espinas.
Pero esa defensa tiene un precio. Un erizo enrollado se queda quieto en su sitio. Y como advierte el hospital de fauna silvestre Tiggywinkles, esa costumbre lo vuelve muy difícil de ver en la hierba larga y entre la maleza.
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El cabezal de la desbrozadora pasó por donde estaba Dodge. Le abrió una herida grande y profunda que le cruzó la parte superior de la cabeza.
En inglés, su nombre significa esquivar. Contra una máquina así, no tuvo cómo hacerlo.
Rumbo al hospital
Después del corte, la suerte de Dodge dependía de que alguien bajara la vista. Alguien lo hizo, y el erizo llegó a Tiggywinkles con la herida sobre la cabeza.
Allí lo recibió el equipo veterinario, que empezó a tratar la lesión. Un corte así, en un animal tan pequeño, no se cierra de un día para otro: la piel necesita tiempo y protección para recuperarse.
El 16 de octubre, mientras Dodge seguía en tratamiento, el hospital contó su caso en Facebook.
En la publicación, el equipo dejó un pedido para quienes tienen jardín: antes de desbrozar o de cortar el césped, revisar siempre con cuidado si hay fauna silvestre. «Esos pocos momentos extra podrían marcar toda la diferencia para una vida pequeña que quizás sea un poco lenta para esquivar el desastre», escribió.
La frase juega con el nombre de Dodge. Y el equipo quiere que su historia sirva para un fin concreto: que ningún otro erizo llegue con una herida como la suya.
Mientras la herida cierra
Ahora el mundo de Dodge ya no es la hierba alta. Es el cuidado de los veterinarios, las curaciones y la espera.
Sobre la herida lleva un parche especial para tratar heridas, que lo ayuda a sanar. Es lo primero que se nota al verlo: esa protección en lo alto de la cabeza, justo donde pasó la desbrozadora.
El equipo lo seguirá de cerca y le dará todos los cuidados que necesite. La meta es una sola: que Dodge vuelva a sostenerse sobre sus patas pequeñas.
Afuera, la hierba de los jardines seguirá creciendo alta, y entre los tallos seguirá habiendo erizos enrollados y quietos. Para ellos, todo puede depender de que alguien mire el suelo antes de encender la máquina.
Imagen principal: Tiggywinkles Wildlife Hospital.

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